Don Quijote hizo lo mismo con su caballo de arado.
Un rocín cualquiera paso a ser Rocinante.
Así que, lo sabemos de siempre, pero no viene mal recordar que, debemos mirar las cosas dos o mas veces antes de descartarlas.
( Los comentarios de mi ama sobre lo que hago, a lo largo de los años, han pasado de " qué bonito" a "eso que es, las trompas de falopio?")
